“Si los discos fueran de oro, hace tiempo que los habría empeñado”

 

-Más de 50 años sobre los escenarios y, no es que tenga ganas, es que está loco por cantar.

-Aunque parezca extraño, ahora mismo estoy con la pasión y la ilusión más alta que nunca.

-El nombre de la gira lo deja entrever, pero el del disco, Infinitos bailes, lo deja claro: la coleta que se la corten los toreros, ¿no?

-No voy a cortar nada ni voy a dejar que pase el tiempo mientras yo me encuentre con tantas ganas y el público esté tan entregado conmigo. Seguiré haciendo cosas, cosas que yo sepa.

-El cantante consagrado recurre a recopilatorios o disco de duetos, pero su trabajo es íntegramente nuevo y con temas que otros cantantes le han compuesto. ¿En eso consiste ser artista?

-Hay que estar reinventándose siempre y haciendo cosas nuevas; no se puede vivir del pasado. Hay que dar una de cal y otra de arena, enseñar tus trabajos nuevos pero también lo que más gusta. Hay que recompensar al público con esas canciones que son las joyas de la corona de mi carrera.

-De becario a maestro, ¿cómo le llega un Manuel Carrasco o una Vanesa Martín y le dice: “Raphael, aquí le traigo mi tema”?

-En realidad fui yo el que se los pedí. Le dije a mi hijo Manuel que viera la forma de que todos me hicieran canciones. Todos lo hicieron encantados y el resultado es precioso. De hecho queremos repetir, aunque a algunos, como a Bunbury -que ha hecho siete u ocho cosas conmigo-, les voy a dar un descansito.

-Vuelve a colocarse la chaqueta de cuero, ¿una forma de que estos artistas lo vieran como un igual?

-Por inercia, cada diez años suelo vestir la chaqueta. Me pongo en modo rockero y vuelvo a empezar. Eso o me pongo de sinfónico, que es un poco más elegante.

-En esta ocasión se ha rodeado de artistas actuales, pero muchas veces escuchamos a nuestros padres decir que la música de antes era mejor que la de ahora. ¿Tienen razón?

-Los padres siempre tienen razón, no seré yo quien se la quite. Pero, indudablemente, en todas las épocas ha habido cosas buenas, regulares, malas y rematadamente malas. Yo he tratado de elegir lo mejor y he tenido bastante buen tino.

-Canciones, películas, Eurovisión, discos hasta en japonés, un musical y ser cabeza de cartel en el festival indie de Sonorama. ¿Es hombre de subirse a todos los trenes?

-Siempre hago lo que me gusta. Afortunadamente, también es lo que le gusta al público. Soy una persona muy preocupada por su carrera y, al tenerla tan vigilada, las cosas me salen bien. Al final el que sale ganando siempre es el público.

-Sin Youtube, Facebook, Twitter y demás redes sociales llegó a lo más alto. ¿Es tan beneficioso para el artista internet como nos hacen creer?

-En su día no me hicieron falta. Me di a conocer con películas, la radio y los discos, que antes se vendían a millones. Ahora tienen las redes sociales y yo, como las tengo a mano, también las uso. No hay que despreciar nunca las cosas nuevas que te ponen al alcance.

-326 discos de oro, 49 de platino y uno de uranio, ¿no le daba miedo que uno de sus hijos los hubiera vendido para darse un caprichito?

-(Risas) Ni el oro es oro ni el platino es platino, sólo están pintados. Si fueran de verdad, hace tiempo que los habría empeñado.

-Mientras más música se escucha, más cuesta elegir una canción preferida, pero seguro que usted tiene grabado el mejor concierto de su vida.

-He tenido la suerte de tener unas canciones extraordinarias, que han marcado y marcan época en terrenos que no son suyos. La gente canta mis canciones en los campos de fútbol cuando celebran un gol y eso es lo más bonito.

-¿Cuál es el secreto para que su música esté en todas partes, a pesar de que cambien las modas?

-No hay secreto, es que el público quiera que estés ahí. Es el que manda siempre y eso no debería olvidarse.

-Está en la cima y ha llegado muy lejos pero, ¿hay días en los que también se levanta con el pie izquierdo?

-Para luchar contra esos momentos, que los hay, debes cambiar el paso. Tú puedes cambiar tu día y tienes el derecho a intentarlo como sea. Tienes que luchar y trabajar para poner derecha una cosa que amaneció torcida.

-Tres días de conciertos, de tres horas cada uno, y no se le mueve un pelo del flequillo. ¿Algún consejo para los que, como dicen las abuelas, nacieron cansados?

-(Risas) Siempre pretendo que los conciertos duren dos horas y media, es un tiempo bastante largo pero para el público siempre es poco. Eso es bonito, que no quieran que me vaya. Y sí que me despeino, mucho, porque tengo mucho pelo. Siempre hay gente más trabajadora que otra. Yo soy de los que lo hacen, pero no me quiero meter con los que no trabajan, cada uno es cada uno.

-España necesita saberlo. Manolo Escobar encontró su carro, ¿vivió usted su gran noche?

-He tenido la suerte de vivir muchas grandes noches y me ha gustado tanto que pienso seguir viviéndolas.