Raphael, único

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Raphael ofreció ayer en la plaza de toros de Alicante un concierto dentro de su “Gira Simphónico”. Acompañado de la Orquesta Sinfónica de Elche el Maestro entusiasmó a sus seguidores durante tres horas con sus temas de siempre: “Como Yo Te Amo”, “Yo soy Aquel”, “Escándalo”, “Mi Gran Noche” y “Estar Enamorado”, entre otros grandes éxitos.

Desde la incómoda silla de plástico colocada en el albero, se puede medio ver el reloj de la Plaza de Toros marcando las 22:30 del sábado mientras el público ocupa sus asientos a la espera del maestro. El traje de luces para otros, toca riguroso negro fiel al uso y expectativas del respetable que aplaude a rabiar cuando aparece la Orquesta Sinfónica de Elche (¡En Alicante!) y, segundos después, puntual y sonriente, el Artista levanta ánimos y traseros. No se ha hecho esperar, eso es para divos pagados de sí mismos no para el esforzado currante de pico y pala con 55 años de profesión a su delicada y menuda espalda, como él mismo aclara. Esto promete, harto de mediocridades de todo tipo, un número uno, un fuera de serie por fin.

 

Saluda, casi llorando por el recibimiento y comienza el espectáculo. Su chorro de voz ajena a edad, achaques y enfermedades felizmente superadas inunda la Plaza que se rinde a la maestría y calidad del personaje y la persona. Tras dos o tres riadas en forma de canción se toma un momento y presenta a la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Elche (OSCE). Sesenta músicos y Director aplaudidos intensamente en Alicante. Esto no es futbol señores, es arte y no está para tonterías.

 

De cero a cien en dos segundos Raphael despliega oficio. Sin adornos innecesarios, una orquesta, un escenario oscuro de fondo y su juego de luces son más que suficientes para que nada distraiga de lo que hemos venido a ver. Sus gestos, tan histriónicos y característicos como necesarios, sus movimientos en el escenario, aspavientos, desprecios, enfados, paseos, burlas e indiferencias cuentan las canciones y él, al parecer, disfruta con ello.

 

Una hora más tarde, de diez minutos parecen, no ha levantado el pie del acelerador ni tiene pinta. Entrega y fusión absoluta de público e intérprete, ofrece el micrófono para acompañarle en estribillos que obediente y entregado el respetable agradece. Y el tiempo pasa sin remedio a demasiada velocidad.

 

Ni un gesto fuera de sitio, ni un movimiento extraño, todo acompasado, fuera chaqueta, fuera corbata y camisa abierta tres botones. Giros de muñeca flamencos, pasos de bailaor y acompañamiento de virtuoso de guitarra acústica con quien demuestra que ranchera, ritmos latinos e incluso medio rap (al loro) también domina. Trabajo, trabajo y trabajo, cincuenta y cinco años de trabajo.

 

Dos horas después, el mismo reloj se ha comido literalmente el tiempo. Con la misma fuerza del comienzo, sin descanso, a por los clásicos: “Mi Gran Noche”, “Estar Enamorado”, “Maravilloso Corazón”, “Escándalo” (absoluto y total), “Yo soy Aquel”, “Digan lo que Digan”, “Como Yo Te Amo” y ni un paso atrás para coger impulso, ni falta que le hace.

 

Sumados tres cuartos a las dos horas todo sigue igual, ni le tiembla la voz a sus y pico años, ni reduce velocidad. Si algo le queda dentro se lo deja en el escenario que mañana será otro día y ya descansará. Ole, ole y ole, si el público respeta y admira al Artista éste deja claro que es recíproco, y se entrega a tumba abierta.

 

Por poner una pega, minúscula e insignificante, el cristal frente al que canta frente a su imaginario reflejo necesitaba una mano de Cristasol; por lo demás vaya inicio de gira veraniega cargada de profesionalidad y trabajo tan deseado como infrecuente. Casi tres horas de escenario sin descanso, sin altibajos ni fallos. Dedicación, esfuerzo, trabajo y profesionalidad, fórmula no mágica del éxito que Raphael ha sabido y sigue sabiendo combinar para gozo y disfrute suyo y nuestro. Gracias Maestro.

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