Raphael, es un escándalo

 

Raphael, que poco tiene que ver con el rock, ha sobrevivido a un trasplante de hígado y a los vaivenes de su propia época como un dinosaurio atravesando lluvias de meteoritos, epidemias y glaciaciones. En una entrevista que le hacían en este mismo periódico, Raphael confesaba que él no tiene relevo o, mejor dicho, que es su único sucesor. Se ha encontrado con que un viejo éxito de los sesenta (Mi gran noche) vuelve a atronar en las discotecas y que la letra de Yo soy aquel, con sus reminiscencias de Rubén Darío, suena más moderna que nunca.

No sé si lo continúa haciendo, pero hace más de una década se enfrentaba a un espejo cantando: «No me mires así que me molesta, no me mires así que soy el mismo, un poco más mayor, quizás, un poco más cansado, sí». Y, entre los chillidos fervorosos del público, acababa destrozando el espejo a patadas para salir triunfante de su propio reflejo.